Una sentencia de Venganza (extracto)
En aquellas horas del amanecer el lugar se encontraba desierto, tambaleaba mientras intentaba levantarme. Mis manos estaban cubiertas de sangre y mis uñas arrancadas de la piel. El frío calaba mi piel desnuda. Vi una faja de huaso tirada en el suelo. La tomé con mis manos destrozadas y, observándola detenidamente, juré matarlo. Hace solo…
