Una sentencia de Venganza (extracto)
En aquellas horas del amanecer el lugar se encontraba desierto, tambaleaba mientras intentaba levantarme. Mis manos estaban cubiertas de sangre y mis uñas arrancadas de la piel. El frío calaba mi piel desnuda. Vi una faja de huaso tirada en el suelo. La tomé con mis manos destrozadas y, observándola detenidamente, juré matarlo. Hace solo unas horas, mi vida dio un vuelco que me costaría el alma.
Esa noche se me hizo tarde, volvía caminando del pueblo. El trayecto era largo, el camino era de tierra y piedras, la noche había caído con una densidad insoportable. Algo en mí susurró que regresara, y no escuché. Las luces eran inexistentes, la luna nueva era una sombra.
Tenía diecinueve años, mis ojos color miel y mi cabello cobrizo eran lo único que brillaban en la oscuridad. Fue entonces cuando vi la silueta de un hombre de pie bajo un árbol. Llevaba un sombrero de huaso. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Giré para correr, pero ya era tarde.
Autora: L. M. Rys
Una sentencia de venganza
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Este cuento es para mayores de 16 años, debido a que contiene violencia y detalles sexuales.
No ha sido impreso ni editado.
